miércoles, 14 de septiembre de 2016

CRÓNICAS EN CLAVE DE NAFTALINA

Sin duda las décadas que --van desde los comienzos de la del ’30 hasta finales de la del ’50-- bien podrían ser consideradas como la era dorada de la radiofonía de nuestro país.
Imposible olvidar programas legendarios como “Los Pérez García”, “El Glostora tango club”, “La revista dislocada” y tantos otros. O figuras como Rafael Díaz Gallardo o Pepe Iglesias.
Y no podemos dejar afuera a los radioteatros que generaban audiencias hoy impensadas. 
Nuestra ciudad, claro, tuvo lo suyo. Y por eso esta evocación a una de las figuras más rutilantes que tuvo el radioteatro bahiense…

JAVIER RIZZO: UNA VIDA DE RADIONOVELA

El actor había nacido en el porteño barrio de San Telmo. Lo cierto es que, su llegada a nuestra ciudad, fue providencial y con algo de magia. Porque cambió su vida pero, también, la de nuestra ciudad. 
Tras algunas fugaces visitas, su primera gran presentación se produjo el jueves 1 de diciembre de 1927 cuando --la compañía de Esther Da Silva-- inauguró el Teatro de Verano que se levantaba en San Martín 132 y que era "el único al aire libre con toldo corredizo".
Y, entre aplausos y reconocimientos, don Javier decidió radicarse en nuestra ciudad.
En mayo del año siguiente reapareció. Esta vez en el teatro Politeama Verdi, de Alsina 129.
Pero el gran cambio no comenzó en un escenario. Si no en un camarín. Esa suerte de confesionario en el que, los actores, vuelven a comulgar con su yo tras despojarse de sus personajes. 
Es que, hasta allí, había llegado para testimoniarle su admiración Nélida Juana Valenti. Una joven que, muy pronto, se convertiría en la irreemplazable actriz Valentina de la Cruz.

Valentina de la Cruz
Seguramente, y a partir de aquella escena real, don Javier y la joven Valentina pensaron que 
nuestra ciudad había sido fundada con el único propósito que ellos se conocieran. 
Desde ese mágico momento nada logró separarlos. Ni siquiera los 15 años que él le llevaba a ella.
Y, bajo la dirección de don Javier, Valentina se convirtió en la gran actriz que nuestra ciudad y la región disfrutarían por muchos años a través de la radio y del teatro…
Del matrimonio ya consumado, nació Leonor (Pirucha) que, junto a su hermana Pirula aportarían al teatro bahiense toda la frescura imaginable. 
Y nunca más dos pequeñas hermanitas llegarían a alcanzar tanta celebridad en nuestra ciudad. 

Javier y Valentina en "Manuela"
Queda claro que las compañías de actores --por aquellos años-- necesitaban de una radio, de una sala teatral… pero también de quien escribiera los radioteatros. 
El prolífico Juan Carlos Chiappe fue uno de ellos. Y el otro Carlos Monteagudo (el pseudónimo de mi padre, José Guardiola Plubíns). Precisamente su obra “Manuela” alcanzó una resonancia nunca más superada.
En uno de los capítulos don Javier (en el papel de Pancho) y Valentina (en el rol de Manuela) se casaban. Y como era imposible albergar tanta gente en los estudios de LU2 (en Donado 25) se decidió hacer “la fiesta del casamiento” en el “Salón de los Deportes” de calle Soler. Fue tanto el gentío que se tuvo que acudir a la protección policial.

Javier, Valentina y Pirula
Pero no todo era felicidad para los Rizzo. 
Porque, ya a comienzos de la entrañable década del ’60, desaparecieron los radioteatros. 
"A partir de mañana no hay más novelas", señaló don Javier en su hogar. 
Para concluir: "En la nueva programación de la radio desaparecieron las novelas”.
Y así, de repente, todo el mundo de la familia se desmoronó.
Vivían en un departamento interno de calle Zeballos 251 con salida a Dorrego.
Al tiempo don Javier comenzó a tener problemas cardíacos y tuvieron que internarlo en el sanatorio. Lo cierto es que, en la madrugada del 29 de octubre de 1983, el actor falleció. Tenía 87 años. 

Luis Harris y Pirucha Rizzo
Pirucha se casó, en 1963, con Carlos Carnero y una multitud acudió a la ceremonia religiosa en la Catedral. Hoy tiene 5 hijos y 9 nietos.
Pirula se casó con quien fue “el galancito joven” de la compañía: Luis Harris.
Tiene 4 hijos y 4 nietos. Los maridos de ambas también fallecieron.
Valentina de la Cruz, "la actriz de los hogares" (como era conocida) nos dejó el 30 de septiembre de 1995.
Y, de aquel mundo de fantasía que generaban los radioteatros, no quedó nada. 
Sólo el recuerdo de una época irrepetible. 
Muchísimos, todavía hoy en día, tienen presente en la memoria aquella inolvidable “marchita” característica con la que comenzaba el capítulo del día.
Lo cierto es que a don Javier, a Valentina, a Pirucha y a Pirula les corresponde el singular privilegio de mantenerse vivos y presentes en la memoria colectiva de la ciudad y la región que no los ha olvidado.
Y, seguramente, Javier y Valentina se “fueron de gira” escuchando una ovación que nunca tuvo fin.

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